Cómo funcionan ahora las prácticas de FP: así es el nuevo modelo de formación en empresa

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La FP ya no termina en las prácticas: ahora la empresa forma parte del aprendizaje

Durante muchos años, cuando se hablaba de las prácticas de Formación Profesional, la imagen era bastante sencilla.

El estudiante pasaba buena parte del ciclo formándose en el centro educativo y, al final, llegaba el momento de incorporarse durante un periodo determinado a una empresa para realizar la conocida Formación en Centros de Trabajo, la FCT.

Era una especie de último paso antes de terminar los estudios.

Pero ese modelo ha cambiado.

La nueva ordenación de la Formación Profesional ha transformado la relación entre los centros educativos y las empresas. Con el nuevo sistema, los ciclos formativos tienen carácter dual y la formación en empresa pasa a integrarse dentro del propio currículo. Ya no se trata simplemente de realizar unas prácticas al final de los estudios, sino de combinar progresivamente la formación en el centro educativo con el aprendizaje en un entorno profesional real.

El cambio es importante.

Porque significa que la empresa deja de ser únicamente el lugar al que llega el estudiante cuando ya ha terminado prácticamente toda su formación.

Ahora puede formar parte del proceso desde una etapa mucho más temprana.

Y eso cambia también el papel que tienen los estudiantes, los centros de FP y las propias empresas.

¿Qué es la nueva FP Dual?

La Formación Profesional Dual es un modelo que combina la formación que recibe el estudiante en el centro de FP con periodos de formación en una empresa u organismo equiparado.

La Ley Orgánica 3/2022 estableció que las ofertas de FP de determinados grados deben tener carácter dual, diferenciando principalmente entre un régimen general y un régimen intensivo.

La diferencia fundamental está en cuánto peso tiene la empresa dentro de la formación y en la relación que mantiene el estudiante con ella.

En el régimen general, la formación en empresa representa entre el 25 % y el 35 % de la duración total de la formación y no existe un contrato de formación laboral con la empresa.

En el régimen intensivo, la formación en empresa supera el 35 % y existe un contrato de formación con retribución.

Esto significa que cuando hablamos de “las prácticas de FP” actualmente hay que tener cuidado.

No existe un único modelo.

Hay diferentes formas de organizar la formación en empresa.

Y los periodos concretos pueden variar según el ciclo, la comunidad autónoma, el centro educativo y las características de las empresas participantes.

Ya no se trata simplemente de ir a una empresa al final

Este es probablemente el cambio más importante.

En el sistema anterior, la FCT se realizaba, por regla general, una vez superados los módulos profesionales del ciclo.

La nueva formación en empresa funciona de otra manera.

El Ministerio explica que no es necesario haber finalizado todos los módulos profesionales antes de comenzar la formación en empresa y que los aprendizajes teóricos y prácticos pueden combinarse de acuerdo con la organización establecida por las administraciones y los centros.

Por tanto, la empresa puede entrar antes en el itinerario formativo del estudiante.

La idea es sencilla:

aprender en el aula y aprender haciendo.

Y que ambas cosas estén conectadas.

¿Cuándo empiezan las prácticas de FP?

Aquí encontramos una de las cuestiones que más dudas generan.

No existe una única fecha nacional para todos los estudiantes.

La normativa establece que, en el régimen general, se procurará que el contacto con la empresa pueda comenzar a partir de los tres primeros meses desde el inicio de la formación, siempre que se cumplan los requisitos establecidos.

A partir de ahí, la distribución concreta depende del plan de formación.

Esto significa que un estudiante puede tener contacto con la empresa durante diferentes momentos de su ciclo.

No necesariamente tendrá que esperar hasta el final.

Y tampoco existe una regla estatal que diga que todos los estudiantes deben comenzar exactamente con dos semanas y posteriormente ir ampliando el periodo.

La organización puede adaptarse a las características del ciclo y del tejido empresarial.

Entonces, ¿de dónde viene la idea de las dos semanas?

La confusión es comprensible.

En determinados centros, comunidades autónomas o programas concretos pueden organizarse primeros contactos con la empresa de duración reducida antes de pasar a periodos más extensos.

Pero no debe confundirse esa práctica organizativa con una regla general establecida para toda España.

La normativa estatal apuesta por una incorporación progresiva y planificada a la empresa, pero deja margen para que la formación se organice según las características de cada oferta formativa.

Por eso, si una empresa recibe estudiantes de FP, lo importante no es pensar únicamente en “cuántas semanas vienen”.

Lo importante es conocer:

qué resultados de aprendizaje deben desarrollar, durante qué periodo, qué actividades realizarán y cómo se evaluará su evolución.

En Grado Superior pueden llegar a ser 500 horas en empresa

Para comprender la dimensión del cambio, basta con mirar un ejemplo concreto.

En los ciclos de Grado Superior regulados en el ámbito de gestión del Ministerio de Educación, el régimen dual general contempla 500 horas de formación en empresa.

Estas horas se distribuyen entre los dos cursos:

  • entre 120 y 240 horas durante el primer curso;
  • entre 260 y 380 horas durante el segundo.

La normativa establece además que estas horas se vinculan a determinados resultados de aprendizaje del currículo.

Es decir, estamos hablando de una presencia empresarial considerable.

Ya no es simplemente una pequeña experiencia al final del ciclo.

La empresa puede acompañar al estudiante durante una parte significativa de su proceso de formación.

La empresa se convierte en un segundo espacio de aprendizaje

Este cambio tiene una consecuencia fundamental.

La empresa ya no es solamente el lugar donde el estudiante “hace prácticas”.

Es un espacio formativo.

Allí puede desarrollar resultados de aprendizaje relacionados con su titulación.

Puede conocer procesos reales.

Puede utilizar herramientas profesionales.

Puede trabajar con equipos.

Puede observar cómo se organiza una compañía.

Puede comprender cómo se aplican en la práctica los conocimientos adquiridos en el centro educativo.

Y, sobre todo, puede descubrir qué significa trabajar.

Porque hay cosas que difícilmente se pueden aprender únicamente en un aula.

Una reunión con un cliente.

Un plazo que se adelanta.

Una incidencia.

Una presentación.

Un proyecto que cambia.

Un compañero al que hay que coordinar.

Un procedimiento que debe cumplirse.

Una herramienta profesional.

Una responsabilidad concreta.

La empresa convierte esos conceptos en experiencias reales.

El estudiante no sustituye a un trabajador

Hay otra cuestión especialmente importante.

La formación en empresa tiene carácter formativo.

El objetivo es que el estudiante adquiera competencias y resultados de aprendizaje vinculados a su ciclo.

El Ministerio establece expresamente que esta formación no debe utilizarse para sustituir funciones que corresponden a una persona trabajadora.

Por tanto, unas buenas prácticas de FP no deberían plantearse como:

“Tenemos trabajo pendiente y necesitamos que alguien lo haga.”

Deberían plantearse como:

“¿Qué puede aprender este estudiante dentro de nuestra organización y cómo podemos ayudarle a desarrollar esas competencias?”

La diferencia parece pequeña.

En realidad, cambia completamente el modelo.

El plan de formación adquiere una importancia enorme

Para organizar esta relación existe el Plan de Formación.

Este documento establece, entre otras cuestiones, el régimen en el que se desarrolla la formación, los resultados de aprendizaje que se trabajarán en la empresa y en el centro educativo, los mecanismos de seguimiento y la duración y secuencia de los periodos de formación.

Esto permite que la experiencia no dependa exclusivamente de la improvisación.

La empresa sabe qué debe trabajar.

El centro sabe qué está aprendiendo el estudiante.

Y el estudiante conoce qué se espera de él.

Es una estructura mucho más parecida a un verdadero programa formativo.

Dos tutores para acompañar al estudiante

Otro elemento importante del nuevo modelo es la existencia de dos figuras de tutorización.

Por un lado está el tutor o tutora dual del centro de FP.

Por otro, el tutor o tutora dual de la empresa.

Ambos deben coordinarse para que la formación tenga sentido.

El tutor de empresa participa en la acogida del estudiante, el seguimiento del plan de formación y la valoración de los resultados de aprendizaje desarrollados en la organización.

Esto es importante porque la calidad de unas prácticas no depende únicamente de que el estudiante esté físicamente en una empresa.

Depende de lo que ocurre mientras está allí.

Un estudiante acompañado aprende.

Un estudiante sin orientación simplemente pasa tiempo.

La evaluación también cambia

En el nuevo sistema, la empresa no es un escenario independiente de la formación académica.

El tutor dual de empresa participa en la valoración de los resultados de aprendizaje desarrollados durante la estancia.

Después, el centro educativo realiza la evaluación final teniendo en cuenta esa valoración.

Esto refuerza todavía más la idea de que la empresa forma parte del proceso educativo.

No es un paréntesis.

Es una parte del aprendizaje.

¿Qué gana el estudiante con este modelo?

La primera ventaja es evidente:

más contacto con el mundo profesional.

Pero hay muchas más.

El estudiante puede adquirir experiencia antes de terminar sus estudios.

Puede conocer cómo funciona una empresa.

Puede desarrollar competencias profesionales.

Puede mejorar sus habilidades interpersonales.

Puede conocer diferentes puestos y departamentos.

Puede descubrir qué tipo de entorno profesional le interesa.

Y puede empezar a construir una red de contactos.

Todo esto tiene un valor enorme cuando llega el momento de buscar el primer empleo.

Porque existe una diferencia considerable entre decir:

“Tengo un título de FP.”

y poder decir:

“Tengo un título de FP y durante mi formación he trabajado en un entorno profesional real.”

La FP puede convertirse en una auténtica puerta de entrada al empleo

Aquí aparece una de las grandes oportunidades del modelo.

Las empresas no necesitan únicamente trabajadores.

Necesitan conocer talento.

Y la FP puede convertirse en uno de los canales más interesantes para identificarlo.

Un estudiante puede llegar a una empresa con conocimientos todavía limitados, pero con capacidad de aprendizaje.

Durante meses, la organización puede observar su evolución.

Cómo trabaja.

Cómo aprende.

Cómo se relaciona.

Cómo responde a los problemas.

Cómo asume responsabilidades.

Cómo evoluciona.

Esto proporciona a la empresa una información que ningún currículum puede ofrecer.

Para las empresas, la FP Dual también es una herramienta de selección

Esta es una cuestión que merece más atención.

Las empresas suelen dedicar mucho tiempo y recursos a encontrar talento.

Publican ofertas.

Reciben candidaturas.

Realizan entrevistas.

Hacen pruebas.

Y finalmente toman una decisión con información limitada.

La formación en empresa permite invertir el proceso.

La organización puede conocer a una persona antes de tener que contratarla.

Puede acompañarla.

Formarla.

Observar su evolución.

Y, cuando exista una necesidad y un buen encaje, valorar posteriormente su incorporación.

Por eso, la FP Dual puede funcionar también como una cantera de talento joven.

No porque todas las prácticas tengan que terminar en una incorporación.

Sino porque crean una relación mucho más profunda entre empresa y estudiante.

De estudiante a profesional: el verdadero valor de la experiencia

Una de las grandes dificultades que afrontan los jóvenes al terminar sus estudios es la falta de experiencia.

Es la paradoja clásica:

“Para conseguir trabajo me piden experiencia, pero necesito trabajo para conseguir experiencia.”

La formación en empresa ayuda a romper ese círculo.

Permite que el estudiante acumule experiencia profesional antes de enfrentarse a la búsqueda del primer empleo.

Y eso puede marcar una diferencia importante.

Especialmente en sectores donde las empresas necesitan perfiles técnicos y profesionales cualificados.

La FP también puede ayudar a las empresas a cubrir necesidades de talento

Desde el punto de vista empresarial, el nuevo modelo llega en un momento especialmente relevante.

La transformación digital, la automatización, la transición energética y los cambios en la industria están generando nuevas necesidades de perfiles técnicos.

Las empresas necesitan profesionales capaces de trabajar con tecnología.

Pero también necesitan personas capaces de manejar maquinaria, instalaciones, sistemas, procesos y operaciones.

Y muchos de esos perfiles tienen una relación directa con la Formación Profesional.

Por eso, conectar empresas y centros de FP puede convertirse en una estrategia de talento a largo plazo.

No todas las prácticas tienen que ser iguales

Una de las ventajas del nuevo modelo es precisamente la posibilidad de adaptar la formación.

Una empresa industrial no puede ofrecer la misma experiencia que una consultora.

Una compañía tecnológica no necesita los mismos perfiles que una empresa logística.

Un hospital tiene necesidades diferentes a una empresa de marketing.

Por eso el plan de formación debe adaptarse al sector, al perfil profesional y a los resultados de aprendizaje que se quieran desarrollar.

La clave está en encontrar el equilibrio entre lo que necesita aprender el estudiante y las posibilidades reales de la empresa.

Del primer contacto a una experiencia profesional completa

Podemos imaginar la evolución del estudiante de FP como una progresión.

Primero conoce la empresa.

Después comprende cómo funciona.

Posteriormente empieza a desarrollar determinadas actividades.

Más adelante asume aprendizajes y responsabilidades acordes con su formación.

Y finalmente puede terminar el ciclo habiendo acumulado una experiencia profesional considerable.

La normativa no establece una secuencia nacional idéntica de “dos semanas, después X meses y después X meses”.

Pero sí permite construir un itinerario progresivo de formación en empresa, distribuido durante los cursos y adaptado a cada oferta formativa.

Y esa es probablemente la idea más importante.

La nueva FP entiende que aprender a trabajar requiere trabajar

La transformación de la FP parte de una premisa bastante sencilla.

Hay conocimientos que se aprenden estudiando.

Y hay competencias que solo terminan de desarrollarse cuando se ponen en práctica.

Un técnico necesita conocer la teoría.

Pero también necesita saber aplicarla.

Un profesional administrativo necesita conocer los procedimientos.

Pero también necesita enfrentarse a situaciones reales.

Un desarrollador necesita conocer lenguajes y conceptos.

Pero también necesita trabajar con proyectos.

Un profesional sanitario necesita conocimientos.

Pero también necesita desarrollar competencias en entornos reales.

La empresa permite completar esa formación.

¿Qué debería hacer una empresa que quiera acoger estudiantes de FP?

La primera recomendación sería no plantearlo como una cuestión puramente administrativa.

Antes de incorporar estudiantes conviene preguntarse:

¿Qué perfiles necesitamos?

¿Qué pueden aprender aquí?

¿Qué profesionales pueden acompañarlos?

¿Qué proyectos pueden conocer?

¿Qué resultados de aprendizaje podemos trabajar?

¿Qué tutor empresarial tendrá cada estudiante?

¿Cómo realizaremos el seguimiento?

Cuanto más clara sea la respuesta, mayor será el valor de la experiencia.

Porque una buena formación en empresa no empieza cuando llega el estudiante.

Empieza mucho antes, cuando la empresa decide qué experiencia quiere ofrecer.

La FP Dual también puede ser una herramienta de employer branding

Hay otra consecuencia interesante.

Los jóvenes no solo eligen empresas por el salario.

También valoran las oportunidades de aprendizaje, desarrollo y crecimiento.

Una empresa que ofrece buenos programas de FP puede empezar a construir su relación con el talento mucho antes de que este termine sus estudios.

Puede convertirse en una empresa conocida entre estudiantes.

Puede generar vínculos con centros educativos.

Puede identificar perfiles.

Y puede construir una cantera de profesionales.

En sectores donde existe competencia por determinados perfiles técnicos, esto puede convertirse en una ventaja.

El reto: pasar de las prácticas como trámite a las prácticas como estrategia

El gran cambio no está únicamente en la normativa.

Está en la mentalidad.

Si una empresa entiende la formación profesional como un trámite que debe cumplir, probablemente ofrecerá una experiencia limitada.

Si la entiende como una oportunidad para formar y conocer talento, el resultado puede ser completamente diferente.

Y lo mismo sucede con los estudiantes.

La formación en empresa no debería entenderse como unas horas que hay que completar para obtener el título.

Debería verse como una oportunidad para empezar a construir una trayectoria profesional.

Conclusión: la empresa ya no está al final de la FP

La nueva Formación Profesional está cambiando la forma de entender la relación entre educación y empleo.

La empresa ya no tiene por qué aparecer únicamente al final del ciclo.

La formación puede desarrollarse de manera dual, combinando el centro educativo y el entorno profesional.

En el régimen general, la formación en empresa representa entre el 25 % y el 35 % de la duración total de la formación; en el régimen intensivo supera el 35 % y existe un contrato de formación con retribución.

En determinados ciclos, como los de Grado Superior regulados por el Ministerio, esto puede traducirse en cientos de horas de formación en empresa distribuidas entre primero y segundo curso.

Por eso, la pregunta ya no debería ser simplemente:

“¿Cuándo empiezan las prácticas de FP?”

La pregunta interesante es:

“¿Cómo podemos conseguir que cada hora que un estudiante pasa en una empresa contribuya realmente a su formación y a su futuro profesional?”

Porque el objetivo final no es que un joven pase unas semanas en una empresa.

Es que termine su formación sabiendo algo que antes no sabía:

cómo convertir lo aprendido en el aula en valor dentro de una organización real.

Y, para las empresas, el objetivo tampoco debería ser simplemente acoger estudiantes.

Debería ser conocer, formar y detectar el talento que necesitarán mañana.

La nueva FP ofrece precisamente ese puente.

Entre el aula y la empresa.

Entre la formación y la experiencia.

Y, sobre todo, entre el estudiante y su primer empleo.

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