Perfeccionismo y procrastinación: dos caras de la misma moneda

Procrastinación

En mi artículo anterior te hablé sobre el llamado Síndrome del Impostor y te proporcioné algunos consejos para afrontarlo. Hoy te traigo otro tema igual de interesante; perfeccionismo y procrastinación: dos caras de la misma moneda.

Para empezar, te voy a plantear una situación que seguro que te suena. Paloma tiene que entregar un proyecto para el lunes. Pero es jueves, está muy ocupada y no va a pasar nada por aplazarlo un par de días, ¿no?

El sábado se sienta delante del escritorio con la intención de ponerse a hacerlo, pero 10 minutos después ya no le parece tan urgente y lo deja para el día siguiente. Finalmente, Paloma se encuentra el domingo a última hora apresurándose para terminar algo que no le habría llevado más de una hora si lo hubiese hecho el jueves, el viernes, o el propio sábado, en lugar de posponerlo repetidamente.

Paloma está convencida de que trabaja bien bajo presión; pero termina entregando su proyecto tarde y mal. Lo peor de todo es que se siente terriblemente culpable. ¿Por qué no se organizó mejor? ¿Por qué no hizo las cosas cuando tocaba? Paloma eres tú. Paloma soy yo. Paloma somos todos.

La procrastinación: Poniéndonos trabas a nosotros mismos

La explicación fácil para este comportamiento es “no hago las cosas porque soy un/a vago/a”. Pero la realidad va más allá. La procrastinación consiste en aplazar una tarea importante para hacer otras sabiendo que no es una buena decisión. Esto termina desencadenando un fuerte sentimiento de culpa que, a menudo, nos lleva a procrastinar más. Nos pasa a todos, hasta tal punto que algunas empresas distinguen entre tipos de procrastinadores y ofrecen ayuda especializada.

¿Por qué procrastinamos?

Si sabemos que es dañino para nuestro trabajo, nuestra vida personal y nuestra autoestima, ¿por qué no salimos del círculo? Porque procrastinamos para evitar los sentimientos negativos relacionados con la tarea. Estos sentimientos vienen de la inseguridad y el perfeccionismo. Tenemos miedo de hacer las cosas mal, así que evitamos hacerlas hasta que no queda otro remedio y, entonces, no salen tan bien como querríamos. El estrés y la culpabilidad de la experiencia se nos quedan grabados y terminan por generarnos más inseguridad.

¿Y cómo salgo de esto?

A veces la solución es simplemente empezar. Hay un truco eficaz y sencillo. Di “voy a hacer esto durante cinco minutos”. Lo más probable es que después no tengas tantos problemas en seguir. Y si los tienes, has trabajado durante cinco minutos, lo cual es más que si no hubieses empezado. Aquí tienes una lista de otras cuatro técnicas que puedes utilizar.

¡Y recuerda! El perfeccionismo y la procrastinación son dos caras de una misma moneda. Así que ten paciencia. No te ayudará sentirte culpable, pero sí entender que lo que te pasa es normal y ser consciente de qué puedes hacer para cambiarlo. ¡Ánimo!

Andrea Mosquera
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